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Nací en Madrid, en la Maternidad Provincial, una ciudad a la que amo y de la que nunca quise alejarme. Esa sonrisa captada a mis 5 meses no refleja aquellos años difíciles, tragedias aún recientes.

Infancia feliz, pese a todo. Pilar, mi madre, entusiasta y soñadora. Mi padre, Domingo, ejemplo de integridad. Después me seguirían mis cinco hermanos. Veranos en Las Navas del Marqués, alguno en Orusco de Tajuña, en Somo-Loredo. Y Madrid, siempre, en el corazón: calles de Conde de Peñalver, Limón, Illescas, Fuencarral, mis sucesivos domicilios.

Colegio de Santa Susana, mis primeras letras. Colegio Decroly, donde empecé y terminé mi Bachiller, pasando por las temibles reválidas del Cardenal Cisneros. Aficiones múltiples: lectura (tebeos, hasta que descubrí la sección de prestamos de la Biblioteca Nacional), rondalla (bandurria, aún la tengo por ahí cerca, para momentos nostálgicos), escarceos de pintura al óleo, grupo de teatro del "cole", mi humilde colección de numismática, que aún sigue como hábito casi infantil. Decisión de estudiar un año en Estados Unidos fracasada: mi inglés escolar era realmente pésimo. Así que, tomé el desafío: clases diarias, de 9 a 10 de la noche, en el Instituto Brian durante 3 años con diplomita como colofón.Y las largas partidas de caza con mi padre, curiosidad creciente por la vida animal, seguramente el núcleo de mi posterior interés por la Medicina. Y, claro está, los inevitables enamoramientos de adolescente. Preuniversitario  aprobado: quería ser médico, lo tenía claro.

Aquella  laboranta, tan seria, tan formal, tan guapa. Gran Hospital de la Beneficencia General del Estado, Madrid, con este nombre tan largo (y tan poco comprensible para los extranjeros, A charity hospital ?, solían preguntarme). Pasaba todas las mañanas durante la visita para hacer las extracciones de sangre de los pacientes ingresados. En fin, me salto los previsibles pasos: nos casamos. Y hasta ahora. Dos hijos como dos soles: Santi, brillante, otro entusiasta;  Marta, cálida y primorosa. Y recientemente, un nieto, Nicolás.

El ejercicio de la Medicina devora materialmente el tiempo de todo médico entregado. Nunca, con todo, pude imaginar que un médico hubiera de viajar tanto. Más de medio mundo. Interés creciente por el ser humano, por la historia;  literatura española sobre todo. Veranos de Soto del Real, escritura lúcida de mañanitas frescas, bajo el ciprés.

Si la vida tiene un sentido, la curiosidad ha sido la flecha.

 
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